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Basquet - 27/11/2021

Recibimos y publicamos: Carta Abierta

Hola a todos, ¿Cómo va?

Si alguno no me conoce, soy Lisandro Zucchino (o Zacha), ex entrenador de las categorías U17, U19 y Segunda. Durante casi tres años estuve viviendo una vida ligada fuertemente al club, que incluyó reuniones (tanto en Salto como en Pergamino), entrenamientos, partidos, peleas, proyectos, desarmar una feria de ciencias (¡es cierto!) y aprender… Aprender mucho, aprender sobre amigos que tenía pero con los que no hablaba todo lo que debía, aprender sobre basquet, el gran común denominador que tenemos todos acá, aprender sobre nuestra comunidad, a nivel local y a nivel regional.

“Aprender” debe haber sido el hilo conductor de cada uno de mis días dentro del club, porque cuando no estaba aprendiendo directamente, estaba tratando (muchas veces sin éxito, je) de ayudar a los jugadores de Pampa a aprender un poco más sobre este deporte. Espero haberlo logrado, espero que todos recuerden mi paso como entrenador en el club como el de alguien que intentó, todos los días, ayudarlos a ser un poco mejores. Pero bueno, basta sobre mí, porque si estoy escribiendo esto es porque quiero hablar del club. La introducción fue solamente para que puedan entender quién les habla, y cuánta pasión y amor me despierta ver picar una pelota entre dos aros separados por casi treinta metros.

Cada año de vida del club hemos tenido nuevos motivos para celebrar, porque, como buen proyecto que da sus primeros pasos, todos son importantes, todos dejan una marca indeleble. Sin embargo, me atrevo a decir que este fin de año nos encuentra como nunca antes porque en esta oportunidad tuvimos tantas razones para estar felices por pertenecer a Pampa. Por lo menos, es mi caso.

Este año no hicimos la fiesta de cierre en un lugar “prestado”, en un lugar en el que teníamos que pedir permiso, en un lugar que nos era, al final del día, ajeno. Este año la invitación no decía “En el gimnasio…”. No. Este año, la invitación tenía la palabra mágica: “sede”. Este año nos encontramos festejando un año más de vida en NUESTRO CLUB. No hay palabras que me permitan describir la sensación que me dio ver que la familia del club pudo juntarse a despedir un nuevo año, en un lugar cuya pared reza “Club Social y Deportivo Pampa”. Y ahí me metí en otro término que es enorme, que es el de “familia”. El club no es sólo una comisión directiva, no es sólo un cuerpo de entrenadores, no es sólo doscientos jugadores y sus familiares… La familia del club es mucho más que la suma de sus partes, y es lo que convierte cada nuevo logro en algo más grande, porque es para mucha, mucha gente.

La comisión, desde el presidente hasta el coordinador deportivo, merece mil párrafos aparte, porque son los que han transformado los fines de semana en el club y, con ellos, el día a día. Desde la cobranza de las cuotas mensuales, hasta estar en los detalles más pequeños de la cantina de un partido. Desde la organización de los viajes a las ciudades vecinas, a la presencia en bingos y polladas. Todo el trabajo que hace la comisión directiva es la base que ha permitido al cuerpo de entrenadores (Pedro, Alejandra, Camila, Pablo, Dante, Luciano, Lucas y Facundo) enfocarse en el deporte, en cada entrenamiento y partido. El trabajo de una buena comisión se ve en esos casos, cuando el resto de las partes del club se pueden enfocar en “su” tarea, y Pampa cuenta, hoy, con una excelente comisión directiva.

Se me hace largo el saludo para el club y todavía no pude hablar de básquet, lo cual termina siendo un testamento de lo más lindo que puede tener un club, que es ir más allá de la práctica de uno o varios deportes. Y acá elijo empezar hablando de lo importante que fue la inclusión del básquet femenino, algo que veníamos hablando hace años pero que necesitaba de la flexibilidad de una sede para poder ser realidad. El trabajo del equipo de profes elijo medirlo con la cantidad de chicas en el club que, empezaron siendo siete y hoy en día ¡son más de treinta! El básquet femenino llegó para quedarse, y ese es otro motivo para celebrar (en mi opinión, el segundo más importante después de la sede propia).

El trabajo de las duplas Pablo y Dante (U13), y Luciano y Lucas (U15), todos en su primer año a la cabeza de una categoría, es para remarcar, porque, como detalle para nada despreciable, les tocó llevar adelante categorías competitivas con jugadores volviendo al club después de más de un año sin poder entrenar normalmente. Y lo hicieron con dedicación, esfuerzo y una humildad que no se ve en todos lados, porque cuando necesitaron ayuda, nunca dudaron en preguntar, investigar, implementar y corregir. No tengo una extensa experiencia en clubes, pero déjenme arriesgarme a decir que, por ese camino, van a llegar muy lejos.

Facundo Arraguz llegó a mediados de año y se encontró con dos categorías, U17 y Segunda, ávidas de mejorar y aprender la mayor cantidad de conceptos posible. Y desde el primer entrenamiento (lo digo porque estuve ahí, viéndolo), se notó, se hizo más que evidente, que traía consigo una idea de juego, una identidad, que con el correr de los partidos traería resultados. Y así fue, porque ambas categorías fueron en un marcadísimo menor a mayor, terminando sus participaciones jugando de igual a igual con sus rivales de turno. El 2022 tiene un hermoso color para ambas categorías.

Me quedan dos temas. El primero, el año de las inferiores. Cebollitas, pre-mini y Mini… Entre esas tres categorías, suman más jugadores que los que el club tenía EN TOTAL hace dos años. Y mención aparte merecen los padres de los jugadores de mini y pre-mini, que, por cuestiones de pandemia, tuvieron que llevar a sus hijos en autos particulares a los partidos. Arrecifes, Rojas o Pergamino, fin de semana por medio, o acompañándolos en los partidos de local, dando un marco hermoso a cada sábado. Ver el apoyo que reciben los jugadores del club por parte de su familia es la frutilla del postre en cualquier categoría, pero se me antoja más importante mientras más jóvenes son los chicos.

Lo último, y con esto cierro, es todavía más personal que lo que puse hasta ahora, porque nace de una apreciación propia sobre el básquet en Salto. Siempre le puse cuatro apellidos a la actividad en nuestra ciudad: Carlotto, Fernández, Zaballa y Palacio. Sin los primeros dos, no sé cómo habría logrado instalarse este deporte aquí. Me tocó vivirlo como jugador, desde adentro, sin apoyo y dependiendo enteramente del empuje de Ricardo y Riky. Ese esfuerzo es una marca de agua en la actividad a nivel local, y no es posible mencionar al básquet sin evocarlos a ellos. Luego Diego Zaballa, el principal impulsor de este club, el primer presidente y la razón por la cual, luego de diez años, en noviembre de 2013, el básquet volvió a Salto. Y luego Alejandro Palacio, actual presidente del club, que tomó las riendas de una institución que había estado cerca de desaparecer y hoy es uno de los principales responsables de este presente. Y digo “uno de los”, porque, de ahora en más, si me preguntan sobre los nombres propios que no se pueden dejar de lado al momento de hablar del básquet local, voy a sumar un quinto nombre, que es el de Manuel Díaz Benavent, ex entrenador del club y actual coordinador deportivo. El tiempo, el esmero y la pasión que Manuel le dedica cada día al club, a estar pendiente de las necesidades de los entrenadores y jugadores, a participar de la comisión y a buscar que Pampa siga creciendo día a día, no tienen comparación posible. Sin Manuel, hoy Pampa no sería lo que es, hoy el básquet de Salto no sería lo que es.

Todas estas palabras, que por fin  se terminan (¡Gracias por llegar hasta acá!), son mi manera de saludar y agradecer a toda la familia del club y, también, de invitar a todos a acercarse a formar parte de esta institución que crece todos los días.

Ocho años de Pampa.
Y esto recién empieza.
¡¡Felicidades!!
#SomosPampa

Zacha

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