La locura de los tecnicos

455 visitas
EDR

En esta nota editorial gentileza de Tiempo de Noticias, el semanario de la ciudad de Rojas, se hace hincapié en el momento que atraviesan los técnicos de fútbol. Y bien podríamos asemejarlo a la problemática que se plantea en nuestra ciudad.

 

De un total de ocho clubes que este año iniciaron la  competencia, Guillermo Pascual ex técnico de Compañía fue alejado en su momento del cargo. Marcelo Miguel, el entrenador de Alumni, tampoco seguirá con la actividad. El panorama de Germán Morón al frente del primer equipo de Independiente de Inés Indart es incierto. Otros dt, que ya estuvieron dirigiendo en la presente temporada, aseguran que el desgaste emocional es muy importante.

Solamente Sports, Defensores y Cusa ya que Marcelo Colombini ocupa en forma interina el cargo en Compañía, parecen inclinarse por un proceso a largo alcance pero ya es plenamente conocido, que el “señor” resultado gobierna las mentes dirigenciales y entonces, la base sólida siempre vive entre pañales.

Si hay un tema caliente en la actualidad de nuestro fútbol es la de los directores técnicos. La irrespetuosidad contractual con los entrenadores está tan enquistada que ya parece una manera de proceder en el fútbol argentino.

Hay DT/víctimas que se desechan con un soplido, y también DT/cómplices que sólo eligen cobrar hasta el último día que trabajaron a cambio de no quedar marcados, conseguir la libertad que les permita negociar con otro club y no bajarse del gran escenario. Es una profesión tan endiosada como bastardeada. Algunos la dignifican y otros la desacreditan.

Y esa locura, que parecía sólo de los clubes de las principales categorías nacionales, también ha llegado a nuestro fútbol lugareño. De una buena vez habría que respaldar proyectos a mediano o largo plazo para, en algún momento, comenzar a juntar frutos (un claro ejemplo es El Huracán, que si bien no se potenció hacia otro nivel, marcó tendencia en la ciudad). Y hace algunas semanas en Colón el DT de Porteño, Raúl Harismendy, se tuvo que ir por perder tres partidos en el inicio del Seis Ligas pero luego de instalar a su humilde equipo en la final del certamen local ante Italo (final pendiente), o las penurias que tiene que pasar Guillermo Araguas para dirigir a Barracas, por tener un pasado en su “enemigo”, Racing. Cosa de locos.

En las altas esferas (y podríamos citar algunos casos por estas tierras también) no hay espacio para todos. Entonces, llaman, preguntan, se ofrecen a través de alguien. Presionan; a veces, serruchan. En el mercado laboral argentino, abundan los técnicos que tienen el hábito de sentarse ante las cámaras para asegurarse ser inquilinos de la vidriera. “Hay que estar en ese entorno que muchas veces forman dirigentes, empresarios y hasta periodistas porque a partir de ahí surgen entrenadores que siempre tienen trabajo”, disparó hace un tiempo Mario Kempes. Es así: salen eyectados de un lugar y al tiempo son la esperanza de un nuevo club. Nery Pumpido, un habitual postergado, apuntó: “Como no sirvo para ir a tomar café con éste o con aquel, ni tampoco para recibir regalos en programas de TV, entonces termino perdiendo cada vez que entro en una terna para dirigir un equipo”.

Día tras día se observan peores partidos. Y a la debacle se asocian demasiados entrenadores cuando sacrifican las ideas por el resultado. Cuando por las urgencias y el espíritu de supervivencia se cubren de conservadurismos. La histeria del medio los asusta, entonces buscan blindar a sus equipos. Casi todos mienten. Declaran con un atrevimiento que después en la cancha se transforma en recaudos. Se ofenden por conductas de colegas… que después imitan sin sonrojarse.

Muy cerquita de aquí tenemos un caso particular. Juan Carlos Pirez, que estuvo 16 años en Rivadavia de Lincoln (hace un tiempo en el Diario Deportivo Olé se publicó una nota titulada “El Ferguson de Lincoln, emparentándolo de algún modo con ese brillante entrenador que estuvo 26 años en el Manchester United).

¿Los logros de Pirez?. Extraordinarios. En el 2000 ganó el Torneo del Interior y ascendió al Argentino B, y en esa primera temporada subió al A, donde en el año del debut jugó una final para buscar un ascenso a la BN, pero perdió con Brown (PM). Actualmente Rivadavia de Lincoln se mantiene en el Argentino A, pero ya sin Pirez como entrenador. Apenas se alejó del club linqueño tuve la oportunidad de entrevistarlo, y recuerdo una reflexión: “Cuando me desvinculé, me puse a llorar adelante de la dirigencia, así que está a la vista cuánto quiero al club. Era como mi casa, pero hubo un desgaste y me tuve que ir”. Alguna vez se podría copiar el ejemplo de Rivadavia de Lincoln y Pirez. ¿O no?