Javier Mascherano: “Estoy cansado de comer mierda”

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EDR

El Jefecito les recordó a sus compañeros la deuda de 24 años sin pasar a Semifinales con una arenga que los hizo emocionar en la previa del encuentro ante Bélgica. Este partido lo vengo jugando desde hace 24 años. Desde hace 24 años, ¿eh?”. Antes del partido, Javier Mascherano reunió a sus compañeros. Uno a uno los miró a la cara. Les habló desde el corazón y con el cuchillo entre los dientes.

El capitán sin cinta siguió la conmovedora arenga. Buscó tocar las fibras más íntimas para transmitir su deseo de revancha por tantas frustraciones acumuladas. No reparó en que sus últimas palabras apenas se escucharon porque casi se quedó sin voz. A su alrededor sólo se escuchó su alma. No más que eso. No menos que eso.

“Es por mí, por los ex jugadores y por nosotros que tenemos que pasar estar barrera. ¡¡¡¡Vamos!!!”

Movilizados como nunca, lloraron casi todos. Los que vieron desde el círculo central el penal fallado por el Cuchu Cambiasso en Alemania, como Messi y Maxi Rodríguez. Los que recibieron el mazazo de los alemanes en Sudáfrica (Romero, Demichelis, Di María, Higuaín y Agüero). Y los que vinieron a Brasil con la ilusión de romper el maleficio de los cuartos.

Todos se emocionaron como jamás lo habían hecho hasta entonces. Pero ninguno como él, que arrastra el mote de perdedor sobre su espalda, explotó en la descarga. A Masche todavía le martillaban los oídos aquellas palabras del Diego. “Basta del llanto de Batistuta, basta del llanto de Mascherano. Necesitamos ganar”. Y a ganar invitó a la tropa.

Rapado para el combate, al técnico dentro de la cancha se le vinieron a la mente las imágenes de los dos últimos Mundiales y de las tres últimas Copa América. Hasta que entró al Mané Garrincha. Ahí no tembló, latió. Porque Mascherano no sólo habló con el corazón: es el corazón de esta enorme ilusión. “Fue muy fuerte, todo fue muy fuerte”, reconoció con el 1-0 a Bélgica recién consumado. “Lo que vivimos en la intimidad y lo que sentimos en el final”.

Un final que lo vio desgarrarse en un desahogo que rompió la tarde, con su garganta hinchada y la yugular al límite. Demichelis lo rescató del trance con un abrazo del alma, tan conmovedor como el del 78. “No podíamos dejar pasar esta chance. Por eso salimos a jugarlo con la ilusión de lograr algo que otros no habíamos podido lograr. Eran ocho años para mí y 24 para Argentina, pero esto sigue. Sigue y estamos a un paso de la final. El miércoles tenemos que jugar como si la final fuera ésa. No sería de inteligentes si nos quedáramos con esto”.

Y si hay algo que le sobra a Mascherano, además de agallas, es inteligencia. “Todavía podemos hacer más historia”, repitió y se repitió el león de Brasilia (de Brasilia, San Pablo, Porto Alegre, etcétera, etcétera). “No hay nada más lindo que darles felicidad a los otros. No me interesa la felicidad personal. Y yo sé que hoy todo el mundo está feliz”. Empezando por él, que estaba cansado de comer la mierda de la derrota con la Selección.