Pablo Pérez: “Le entregué demasiado de mi vida al ciclismo y me lo recompensó, entiendo, de la mejor manera”

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El ex ciclista recordó el 25° aniversario de su triunfo en la Doble Bragado de 1993, en una nota mano a mano con EL DEPORTIVO y tras recordar los momentos vividos en su época arriba de la bicicleta, dejó en claro que el paso de los años engrandeció esa rica historia escrita con sudor y sacrificio: “Los recuerdos van apareciendo como fotos y tienen un valor emocional mucho más grande que en ese momento”.

Y fue aquel frío, y por momento,s lluvioso, domingo 7 de Febrero de 1993 cuando en el KDT de Buenos Aires, cuando ingresaron los cortados para completar la Etapa Chivilcoy – Buenos Aires y se lo veía al joven, Pablo Pérez, con 23 años, acortar distancias hasta superar el tiempo del oriundo de Cañuelas, Mariano Salmón, que venía ya sin fuerzas, y encabezar la clasificación general de la 58° Edición de la Doble Bragado hasta cruzar la la línea de llegada con los brazos extendidos, sabiendo que lo había logrado.

Ya pasaron 25 años desde aquel histórico momento para el ciclismo saltense, donde Pablo Pérez, del equipo Máster Voie, se adjudicó una de las carreras de ruta más importantes de nuestro país y más tradicionales a nivel mundial. Hoy, pintando algunas canas que reflejan el paso del tiempo, pero con la misma mirada brillosa al recordar semejante momento de su vida, Pérez comienza a expresarse sobre lo sucedido: “Es un día como cuando llega el cumpleaños de tu hijo; son fechas significativas como cuando conoces al amor de tu vida, son momentos que te quedan grabados para siempre. En este momento no tengo compañeros del equipo en Salto, pero a la distancia siempre me acuerdo de Fabio Placanica, Erminio Suárez, Marcelo Alexandre, Gutavo Artacho, de toda esa gente con la que compartimos pelotón, Daniel Kenny y Cristin Mti. Con el paso del tiempo uno va tomando conciencia de lo que logró. Es una carrera muy importante, trascendental, te diría. Inclusive es más antigua que el Tour de Francia y el Giro de Italia”.

Podio: Pablo Pérez, ganador de la Doble Bragado de 1993, en el centro de la imágen. A la izquierda, Mariano Salmón (2°) y a su derecha, Roberto Preciozo (3°).

Pablo Pérez tiene muy en claro que los años pasen no solo sirve para hablar de recuerdos, si no para evaluar cómo y en qué pudo haber modificado el ciclismo, a lo que manifestó: “Algo que me ha pasado y quizás por ser demasiado autoexigente y autocrítico, es que por ahí si bien en aquel momento fue difícil, por el contexto que por ahí tenía que ver más con la infraestructura en cuanto a la competencia, es que creo que hoy por hoy el ciclismo de los últimos 15 años ha dado un salto de calidad, se han incorporado los entrenamientos de la fuerza, se ha profesionalizado mucho más y entiendo que hoy es mucho más difícil ganar una Doble Bragado que cuando me tocó la suerte de ganarla”.

Momentos de Gloria: Pablo Pérez, ganando la Doble Bragado en el KDT de Buenos Aires y luego, con su anhelado trofeo.

Toda historia tiene su inicio y en ese sentido, Pablo no olvidó detalles de lo que fue no solo la competencia en sí de la Doble Bragado que lo vio ganador luego, sino también los pormenores de la previa, cuando su  presencia estuvo en duda: “Era el día anterior a que comenzara la Doble Bragado y no sabíamos si participamos o no, no sabíamos en qué equipo nos íbamos a inscribir y bueno, con Gustavo Paday fuimos al KDT y nos anotamos en el equipo Máster Voie. Ya en la competencia, llegué en la fuga el primer día, después fue una cuestión de poder sortear la contrarreloj, que no era algo que a mi me favorecía, la pasé bien, quedé entre los primeros veinte en la contrarreloj, que era algo muy bueno para mi. Realmente vi que no estaba lejos después que terminó la etapa en el circuito el día anterior, pero nunca soñé con ganarla. Capaz esa noche uno se podía haber ilusionado con un tercer puesto, pero en ese momento, nunca con el podio mayor. Al primer lugar del podio lo comencé a sentir mío cuando entramos al KDT con Placanica y con Mariano Gladich y faltando un kilómetro, no antes que eso. Creo que al año siguiente estuve en mejor forma todavía y sin embargo no quedé ni entre los quince primeros de la general, pero ese año estaba muy bien”.

Equipo Máster Vaio: Adrián Gariboldi, Mariano Gladich, Pablo Pérez, Ariel Dundich y Leonardo Carossio.

El comienzo del nuevo milenio fue para Pablo Pérez el momento de dar un paso al costado en el ciclismo. Decisión difícil, pero pensada y que arrojó un balance altamente positivo de sus años arriba de la bicicleta y no solo por las carreras ganadas, sino por todo lo que significó para él este deporte que le permitió conocer diferentes provincias, aprender y codearse con el protagonismo en competencias de primer nivel para nuestro país: “Hubo un momento de mi vida en el que había dedicado más de la mitad de mi vida al ciclismo. Tenía 30 años cuando dejé de correr y había corrido 17 años. Ahí se cerró una etapa. Hoy parece muy joven y la vida del ciclista es más larga, pero en aquel momento a los 30 años (NdR: Año 2000), con una situación económica del país particular, una etapa de mi vida también particular donde con Analía formar una familia y bueno, no podía seguir corriendo porque el trajín que venía arrastrando era mucho. Me acuerdo que llegué a hacer 30.000 kilómetros en un año. No sé si estaba desgastado físicamente, pero si psicológicamente. Le entregué demasiado de mi vida al ciclismo y me lo recompensó, entiendo, de la mejor manera. La vida del ciclista es larga, sin embargo en el momento que dejé, había dejado una etapa”.

Hablando de competencias y de estar siempre entre los primeros lugares le permitió a Pérez poder ir haciéndose un nombre. Más allá de eso, no ocultó que sus principales logros quedaron algo empañados por diferentes circunstancias: “Uno habla siempre de la Doble Bragado, pero al año siguiente me tocó ganar la Vuelta de La Pampa con un sabor, tal vez si la Doble Bragado fue agridulce porque se la gané a un ex compañero del año anterior como el ‘Negro’ Salmón, la Vuelta de La Pampa que me toca ganar se la gano a mi compañero de equipo, Guillermo ‘Verruga’ Muñoz, porque él pierde en este sentido, en la última etapa en el Autódromo de Santa Rosa, pincha y entonces hago bajar a todos los peones, que así se llaman a los corredores que trabajan para que uno gane y no pudo conectar. Así que es por eso que me también me queda el sabor agridulce de haberla ganado”.

Otro ángulo para una imagen grabada a fuego: Pablo Pérez empieza a elevar sus manos, porque la Doble Bragado, era suya, era de Salto.

Un guía siempre es importante en todo sentido de la vida. Un consejo, un modelo a seguir y por sobre todas las cosas, la confianza que se deposita en uno, fue vital para que en la posterioridad, Pablo Pérez lograra todo lo que le conoce. “En muchas ocasiones, esto del éxito de poder ganar carreras nos ha acompañado y lo digo de esa manera porque uno nunca gana solo, sino que lo hace con compañeros y yo, con solamente 18, 19 años, tuve a un gran compañero del que aprendí mucho que fue Isidro Cantoni y era ganar casi todos los domingos, obviamente con el padrinazgo deportivo como quien dice te llevan debajo del ala y te enseñan todo lo que tiene que ver con la táctica y estrategia del ciclismo”.

El cierre fue libre, sin pregunta concreta y allí, Pablo Pérez se dejó llevar por los momentos vividos aquel 7 de Febrero de 1993: “A 25 años son todos flashes que se me vienen a la mente. Me acuerdo del podio, cuando bajé y me subí al auto, que era un R12 rojo de Gustavo Paday. Me repetía y me repetía que no lo podía creer, no sabía ni adonde estaba. Me acuerdo puntualmente cuando hicimos el cambio en la ruta, porque la gente de Capitán Sarmiento me acercó para el lado de La Luisa y ahí me fueron a buscar de Salto y nos encontramos ahí. Imaginate que en ese momento no había celulares, ni mensajes de texto, nada, así que era que se habían enterado por la radio y no sé si no hubo un llamado a una vecina de acá al teléfono fijo para que nos fueran a esperar. Después, la entrada a Salto, la subida al autobombas, el recibimiento de Alessandro y Migliaro. Son cuestiones que van apareciendo como fotos y tienen un valor emocional mucho más grande que en ese momento”.

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