Vergüenza ajena

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La violencia volvió a ponerse de manifiesto en el fútbol de Salto. Empañando un partido tan importante que debe disfrutarse y tras el pitazo final, sea cual sea el resultado, las actitudes no deben cambiar por parte de ninguno, se sigue mostrando la hilacha de que un simple deporte domina al ser humano y lo hace salir de sus cabales. Ojala esto se modifique cuanto antes, porque este hermoso deporte sale lastimado.

Tras el empate de Defensores ya en tiempo recuperado, el entrenador Loro, Abel Moralejo, hizo reiteradas señas al árbitro quejándose por una supuesta agresión desde el sector de cabinas; el árbitro Pelegrino, interpretó que el DT tenía otra finalidad y lo expulsó. El técnico reaccionó ingresando al campo de juego y en ese preciso momento, parte del cuerpo de colaboradores de Santana y los jugadores, comenzaron con forcejeos y todo se fue desnaturalizando. Esto originó un bochornoso espectáculo en el que se vieron involucrados, la mayoría de los protagonistas dentro del campo de juego con los hinchas, como espectadores de lujo.

Fue todo muy lamentable, teniendo en cuenta que en los últimos superclásicos, los operativos de seguridad han sido todo un éxito. Pelegrino y sus asistentes fueron tomando debida nota de los altercados y una vez calmadas las fieras, Pelegrino expulsó a Leandro Candia y desde el banco de suplentes a Diego Díaz, sumando al auxiliar Juan Cuello, en Compañía. También hubo expulsados en Defensores, además del DT Moralejo, vieron la tarjeta roja Feliciano Testa y el preparador físico, Marcos Malagamba.

¿Qué les paso muchachos? No entienden que ustedes deben ser los primeros en dar el ejemplo. Como vamos a pretender racionalidad desde el otro lado del alambrado, si hay conductas adentro y detrás de la línea de cal, que no colaboran en lo más mínimo. También les cabe responsabilidad a los dirigentes en este tema. Los jugadores y los técnicos no son más que empleados del club y como tal, se les debe exigir respeto hacia el otro. Que les sirva para tomar conciencia y evitar como ayer, dar vergüenza ajena.

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