Un asco…

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Siendo un espectador más pero alguien que aprecia el fútbol de manera muy especial y tiene la fortuna de narrar lo que piensa y siente a través de un medio como EL DEPORTIVO, anoche sentí una sensación de que como ARGENTINO me estaban robando, despojando, quitándome algo tan preciado como soñar con llegar a una Final del torneo más importante de América.

 

Y digo como ARGENTINO porque defiendo mi patrimonio y me siento plenamente identificado con la labor de Gerardo Martino y un equipo, que sencillamente conservó un ideal y nunca se apartó del mismo para llegar a la cima.

Pero como nos toca hoy por hoy transitar nuestras vidas dentro de un mundo lisa y llanamente materialista donde sin ningún pudor se protege al que más tiene, ocurrió un hecho de una bajeza tal al que asistí con una enorme impotencia.

Cuando restaban trece minutos de la revancha por una de las semifinales de la Copa Libertadores en Belo Horizonte entre Atlético Mineiro y Newell’s, no hubo mejor idea que cortar la luz a propósito en un sector del estadio en momentos que el conjunto local necesitaba al menos un gol más para estirar la definición al punto penal  y la desesperación, reinaba en jugadores e hinchas

¿Cómo es posible que ocurra algo así? Bueno quiere que le cuente algo, yo todavía no lo puedo creer. Pero además fue tan evidente esta maniobra totalmente repudiable con el solo objetivo de desconcentrar al rival, que no habían pasado diez minutos cuando los reflectores empezaron a prenderse uno a uno sabiendo como ya ha pasado en nuestra ciudad, necesitan un tiempo importante para volver a estar en funcionamiento.

La finalidad de sacar al conjunto Rosarino del partido se había cumplido a la perfección y encima de todo esto, un árbitro impresentable a la medida de los brasileños, el Sr Roberto Silvera,  permitió en el primer tiempo una patada descalificable sobre Gabriel Heinze que lo obligó a salir con todo lo que significa el Gringo para sus compañeros sacando con temor una tarjeta amarilla y posteriormente nunca se supo cabalmente cuantos minutos de recupero iba a jugar desorientando a propios y extraños inclusive a los colegas.

Luego vino lo peor, el empate muy rápido y con un equipo tocado en su interior, la cruel definición por penales en una verdadera caldera que terminó otorgando a los cariocas el derecho a dos partidos decisivos con Olimpia de Paraguay para conocer un nuevo campeón de América.

Fue entonces cuando me dije a mi mismo, nunca se me va a ocurrir generalizar pero cosas así me producen un profundo ASCO.

ADRIAN BELLUCCIA

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